Hoy re-aprendí algo muy valioso vía whatsapp. Quizá pueda aportarte valor en mi relato, si no, yo aquí en auto terapia, como siempre me resulta el escribir. Concretamente te diré: no mezcles clases de relaciones. En mis conferencias, siempre he comentado, con picardía y gran aderezo de simpatía, tal cual es mi estilo, ejemplos para explicar la “Ley de semejanza”. Esta ley expresa inexorablemente: “lo semejante atrae a lo semejante, y lo distinto repele a lo distinto”. Recuerdo un ejemplo clásico de mis conferencias para explicar, por decir, la segunda parte de la ley, lo distinto repele a lo distinto. En ese ejemplo hablo de que si en el “cuento” de La Cenicienta continuaran casados el príncipe y ella, cuando mucho unos tres meses más, se divorcian. Luego del final feliz de Disney, aquel donde se casaron y fueron felices por siempre, si esa pareja, el príncipe y la encargada de la limpieza, la Cenicienta, mantuvieran la relación un poco más de tiempo, pronto, muy pronto, surgirían las naturales diferencias infranqueables en sus propias filosofías y estilos de vida, y llega el momento donde se impone una separación por natural repulsión. Ejemplo: una mañana, la cenicienta decide consentir a su bello príncipe preparándole ella personalmente el desayuno. Se lo dice a él y éste acepta. Ella se dirige a la cocina a preparárselo, el chef y todo el personal de cocina están a su disposición. El príncipe permanece un exquisito momento más en su habitación imaginando el desayuno, imaginando lo que para él es normal, común y corriente desayunar: perlas de melón envueltas en el mejor jamón serrano, sobre una espejo de mermelada de frutos rojos recién hecha, unos huevos Quiche Lorraine, disfrutar sorbos de su mimosa preparada con Don Perignón, para terminar saborando un pan a la catalana acompañado de su café Kopi Luak. Imaginando eso naturalmente –por los hábitos diarios de su vida y su familia–, baja a desayunar. Huele un poco extraño, pero continúa rumbo al comedor. Ahí, su amada lo quiere sorprender y le dice: “¡Mi amor! Con mis propias manos te acabo de preparar lo más exquisito para ti”. El príncipe observa lo servido en el comedor: Chilaquiles con frijoles y un tejuino, al lado un champurrado de arroz. Por amor, el príncipe se lo come. El príncipe enfermó. Por amor nunca dijo nada, pero… tres meses así… te garantizo que es motivo de divorcio. Otra ocasión, en camino a una fiesta real, el príncipe pide que pongan música en su auto mientras llegan, él espera lo que naturalmente le gusta escuchar: música acuática de Handel. La cenicienta, al escuchar su deseo, quiere complacerlo y le dice: “Yo te la elijo, sé de algo que seguro te encantará y bien que podríamos bailarla”. Ella elige y sintoniza cumbias y mariachis. El príncipe, por amor, las escucha un rato. Luego de tres meses, es otro motivo de divorcio. Sí, querido lector, querida lectora, la distinto repele a lo distinto. Esto es ley. Por ello, si lo observas con atención, la gente simpatiza con gente que se parece mucho a ellos mismos. Hablan igual, visten igual o muy parecido, han viajado a lugares semejantes, estudiaron en escuelas parecidas, etc. Si no es así, existe cierta repulsión. Así funciona el humano común, mayorías. Observa este ley cómo sucede en automático. Observa una reunión donde hay un encuentro de “familias” y en breves minutos, sin que nadie se de cuenta, ya están formados grupos. Los hombres con los hombres, las mujeres platicando con las mujeres y los adolescentes platicando con los adolescentes, los niños por otro lado jugando entre ellos. La ley de semejanza en acción.

Pues bien, al principio de este breve artículo te dije que “re-”aprendí algo, ahora vía whatsapp. Re aprendí porque es algo que ya sabía, lo acabo de expresar con el ejemplo de mis conferencias en el párrafo anterior. No conviene mezclar clases de relaciones. Hay gente que pertenecen al grupo de tus amigos, otros pertenecen al grupo de tus socios, otros son tus colaboradores de trabajo o compañeros, otros son colegas, otros son tus familiares, otros del club deportivo, otros cómplices de parrandas, etc. ¿Pueden ser varios de ellos parte de otros grupos? Claro, pero como concepto, solo te digo que conviene no mezclarlos porque en una mesa donde estén los del club deportivo hablando apasionada y acaloradamente de un partido, si sientas a esa mesa a un familiar, tu abuelita, existirá una natural repulsión. Sí, sé que puse un ejemplo medio dramático, pero solo es para explicar el concepto: no mezcles, por ley de semejanza, sucederá repulsión. No es conveniente mezclar a gente de diferentes grupos a los que puedas pertenecer. Pues hoy viví una experiencia así en whatsapp.

Una realidad de nuestra comunicación contemporánea, ya intrínseca en el diario devenir de nuestras vidas es whatsapp. Y ahí, también ya se pueden formar grupos. Es todo un tema hablar de las nuevas normas de ética para el correcto comportamiento dentro de esos grupos. ¿No sabías que ya existen normas de etiqueta, reglas de un correcto y adecuado comportamiento social para el prudente uso de whatsapp? Googlealo. Hoy trangredí yo una de esas normas. Hoy yo cometí un error. Publiqué en un grupo de “negocio”, lo que era privilegio exclusivo de un grupo de “amigos inteligentes y de gran apertura mental”. Tocar temas de política, sexo, dinero o religión, siempre ha sido conveniente mejor no hablar con cualquiera. Este es otro extenso tema del que ya he hablado. Las susceptibilidades, el ego, los diferentes niveles de inteligencia, la cultura, la clase de familia, la educación, los valores, etc., son distingos de importancia capital en cada grupo. Es una dicha tener un grupo, ¡aunque fuera conformado por dos personas!, donde sí se pueda hablar sin tapujos y sencillamente ser tal cual uno es. Esto, tanto en whatsapp, como en la vida, no es común, de hecho es difícil encontrar a alguien así en tu vida. Yo tengo, y presumo, la inconmensurable dicha de tener una o dos personas así en mi vida. Con eso es suficiente para tratarse ya de una bendición de las más grandes que uno pueda tener. Pues bien, para no desviarme más del tema, hoy recibí de un entrañable amigo, sumamente inteligente y de gran clase y valor, una imagen con alusiones políticas. A mí, se me hizo extraordinaria, fuerte, reveladora. Y aquí viene mi confusión. Lo que siento por mi amigo, momentáneamente se me cruzaron los cables, y lo sentí por ciertas personas de aquel grupo de whatsapp de un “negocio”. Y se me fue compartirla. Puf… segundos después, el administrador del grupo escribió (atinadamente): “Les recuerdo que este grupo no es para tocar temas de política”. Me sorprendió tanto, que sencillamente me disculpé por mi mensaje y atiné en mejor abandonar el grupo, algo que ya deseaba desde hace varios años. ¡No te imaginas cuánto se puede uno liberar al salirse de un grupo que no está en sintonía con tu vida! Hazlo. Pruébalo y me cuentas.

Se trataba de un grupo donde tantos opinan, muchos sin aportar ningún valor a mi vida, que tengo ese grupo en silencio por un año, y así lo programo cada año. Esto se puede configurar en whatsapp. Nunca recibirás la alerta (el ruido o la vibración) cuando alguien publique en el grupo. De verdad es muy molesto cuando la gente de un grupo grande empieza a felicitarse de cumpleaños o a bromear, o hacer cadenas, o a comunicar francamente tonterías. Aquí hay dos opciones si no deseas salirte: quejarte y pedir que no lo hagan o configurar el grupo para que nunca suenen las alertas. Esto segundo es una maravilla porque jamás te molestarás. Sólo hasta que llegue el momento del día donde revisas tu whatsapp, ahí te asomas y te asombras de los miles de mensajes que hay y que, afortunadamente no te interrumpió ninguno mientras sucedían. Si por alguna conveniencia te es útil ciertos comunicados de determinado grupo, yo te recomiendo que así te manejes. Pedirle a la gente que por favor deje de comunicar tonterías, puede ser otro motivo de discordia. Programar tu whatsapp para que no te avise de ningún mensaje de determinado grupo es inteligente y útil. En fin, es curioso cómo uno se puede confundir. Ese grupo de “negocio”, son de ese tipo donde la gente se empieza a comunicar ocasionalmente con corazoncitos, y figuritas, y usando palabras tales como: “somos familia…, estamos trabajando juntos por un ideal…, aquí todos estamos para apoyarnos”. A mí, desde hace muchos años, me da hasta como cierto prurito, tipo alergia, cuando en un grupo de desconocidos que sólo coincidimos en una actividad de negocio, me digan: “Somos familia”. ¡Dios! Se me hace una palabra tan poderosa, pero manoseada y menospreciada en ese tipo de grupos–esta es una de mis muy particulares creencias–…“¿familia?”. Yo creo que mucha gente de esos grupos no sabe ni lo que dice usando esa palabra o muchas otras. Como experto en desarrollo humano, sé que mucha gente está muy sola, y se siente bien perteneciendo a un grupo, y más si ahí le dicen “familia”. Es una palabra con una carga emocional y espiritual enorme. Y la gente se lo cree. Grave confusión. Gravísima. Yo repelo, casi en automático, cuando un desconocido empieza a decirme: “¡Hola familia!, ¿cómo está mi equipo de triunfadores?”. Salgo corriendo. Les hago un año de silencio. Por mi salud mental. Hoy, hasta yo me confundí, me equivoqué. Te digo, se me cruzaron los cables, y una imagen que debería haber compartido sólo con mis amigos más íntimos, con gente de apertura, la compartí en “grupo de negocios”. Fui corregido por el administrador. En segundos recordé a Juan Gabriel cantando: “Pero qué necesidad…, para qué tanto problema…”. En menos en dos segundos más pensé: ¿Este grupo aporta enorme valor a mi vida? ¿Hay familia? ¿Hay verdaderos amigos entrañables en él? Basta con responder “no” a dos de esas tres preguntas y la decisión es automática: me salgo inmediatamente de ahí. Mi tiempo no debe distraerse en grupos así.

No sé si te pase o ya empiezo a estar “chocheando” yo, pero… cada vez me vuelvo más celoso de mi tiempo… de aquel que cada vez siento que menos me queda. Llega uno a cierta etapa de la vida donde uno ya no debe convivir con quien te quite lo poco que te queda, así sea un segundo por voltear a ver un mensaje de whatsapp. Ese segundo es perdido e irrecuperable.

Sugiero: valora más tu vida, tu tiempo. Elige pertenecer exclusivamente a grupos donde sientas que se aporta valor a tu vida y ésta florece, así como donde tú también puedes aportar y será bien recibido como valor al grupo, por ley de semejanza. No mezcles clases de grupos. Los temas de negocios en negocios, los temas de amigos con amigos, y nunca los confundas. Respeta las normas que rigen cada clase de grupo. Lo que es valuado en uno puede ser despreciado en otro, por ley de semejanza. ¡Ah!… y estas sugerencias no solo aplican a grupos de whatsapp, sino a grupos de la vida misma. (En whatsapp, muchas veces es mejor usar una “Lista de difusión”. Investiga el tema).

Disfruta comunicar donde se merezca tu opinión.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

Visita: www.nuevaconciencia.info, donde encontrarás más de mi filosofía de vida, así como las ligas a todas mis redes sociales.

Conferenciante inspiracional y motivador, escritor, médico, empresario.

Conferenciante inspiracional y motivador, escritor, médico, empresario.