Irse sintiendo un poquito mejor.

Ya pasaron las elecciones, ya eliminaron a la selección mexicana de futbol del Mundial, ya empieza a ser cuestión del pasado este tremendo sismo de emociones colectivas. Si ayer o antier te sentías con algo (o mucho) de ansiedad, tendencia a la depresión, preocupación, débil, cansado, y de alguna manera no sabías bien a bien por qué, padecías lo que millones de mexicanos padecimos alrededor de estos días, es la influencia del “inconsciente colectivo” mexicano del momento, una manera de pensar colectiva que vibraba a ese nivel y, quieras o no, a todos nos afecta inconscientemente. Ayer me preguntaba alguien cómo salir de ese sentimiento, a lo que respondí: lo más conveniente es sencillamente esperar de uno a tres días para que se difumine esa sensación. Claro, dependiendo de la persona, se puede optar por algún efecto enaltecedor del ánimo (ya cada quien sabrá qué le eleva el ánimo), pero si solo dejamos pasar el tiempo ya puede uno irse sintiendo un poquito mejor con el paso de los días.

La tarea que hoy tenemos es apoyar al nuevo mandatario. Estés de acuerdo o no con él. Sé perfectamente bien que Andrés Manuel López Obrador no ganó por aceptación de una clara propuesta de gobierno, sino por el hartazgo de las mayorías del gobierno actual. Fue muy hábil en sus discursos “atacando” al sistema, al PRI fundamentalmente, pero en general a todas las plataformas políticas, ahí generó una enorme resonancia con el sentir de las mayorías gestando aceptación. La gente no votó por él, votó para sacar al PRI del poder. Hoy por hoy, la sociedad ya le pasó la factura al PRI. Basta con ver la cantidad de entidades donde el PRI fue eliminado. Era cuestión de tiempo para que esto sucediera y de que existiera alguien en cuyas propuestas estuviera “eliminar a la mafia del poder”. Factura cobrada. AMLO no deja claras, para nadie, las estrategias que llevará a cabo para cumplir sus promesas. Eso es preocupante. Sin embargo, si su discurso central fue combatir la corrupción y, prácticamente, de ahí no hay otra propuesta mayor que le caracterice, lo que nos queda a nosotros como mexicanos es apoyar en lo que más podamos para que su deseo se cumpla. Su deseo es noble y bueno. Mi propuesta es que, en vez de criticar y quedarse como mero observador del cómo lo va a lograr o si lo va a lograr, donde muchos incluso esperan que falle en tal cometido, mejor unirse a la propuesta y cada uno de nosotros aumentar nuestro índice de honestidad y veracidad en nuestras vidas. ¡Esa es mi propuesta! El común de los mortales, no tenemos influencia para cambiar a un país entero, pero tenemos absoluto poder y control sobre nuestras vidas, a título individual, cada uno consigo mismo. ¡Vamos a unirnos! La propuesta es extraordinaria. Primer paso que debes dar: elimina la corrupción de tu propia vida, en tu muy personal proceder. Con eso basta. Esa sería la mayor aportación que puedes dar para un México mejor, porque tú eres parte de la sociedad, y eres la parte sobre la cual tienes total poder a influencia: en ti mismo. No busques que otros la tengan, eso no está en tu control, si lo haces, sembrarás semillas de frustración y dolorosa alegría al ver que el mandatario no logra su promesa. Mejor sé parte de sus mejores y más loables propuestas. Por lo menos, eso pienso hacer yo. Otra buena noticia: no está sólo. Algunos de las personas de su gabinete, pueden aportar mucho bien al país. Por otro lado, delicado, pero debo confesarlo, llegaron a mis oídos noticias de una negociación previa, desde el 2017, para dejar que AMLO se quedara con la Presidencia de México. De hecho, yo lo comenté en alguna de mis redes sociales cuando, en la mayoría de los medios, se publicó una foto de Carlos Salinas de Gortari llegando a los Pinos a una junta urgente, una donde estaba citado también AMLO. “Parece” que hubo una negociación, y viéndolo con optimismo, esto siembra cierta paz porque, otra vez, no está sólo en esto, hay gente de mucho poder y experiencia, ganona en dicha negociación, para mantener al país más o menos como va. Parece que la opción que queda es realmente mejorar. Por ahí, en ciertas redes sociales, circula una columna, aparentemente de Raymundo Riva Palacio, afamado periodista, donde habla de esta negociación. Yo ya he enviado un tuit a su cuenta para que me confirme que la columna es suya. De ser así, pronto pondré aquí la liga para que la leas.

Yo no voté por AMLO. Aun habiendo tenido una conversación personal con él no me inspiró para votar por él. Y no voté por el irracional miedo de que fuera quien nos lleve a una dictadura, a convertir a México en otra Venezuela, ni nada de las tonterías que manejaron los medios. Cuando le estudias, cuando le sabes, tenemos un país enorme y poderoso para que eso jamás suceda. Eso no sucederá con México. El tema es extenso para demostrarlo y no es esta la vía, solo te digo que eso no sucederá. No voté por él al notar su evidentísima incapacidad para hilar ideas, para comunicar asertivamente, para debatir, por la pobreza de su lenguaje. Como experto en comunicación que soy, tengo la autoridad plena para preocuparme de que esas innegables características que fulguran en alguien que desea ser Presidente de un país. Sin embargo, desde hace tiempo he venido comunicando en mis redes sociales que estamos viviendo una era en donde “todo puede suceder, incluso contra toda lógica”. A las pruebas puede uno remitirse. Hoy por hoy, todo puede suceder y hasta ya sucedió. Entonces, las normas, las reglas, las tendencias, pueden romperse contra toda lógica. Ese es un signo de nuestros tiempos. La Academia, en cualquier tema, se tambalea frente a la realidad. El deber ser se desvanece, se desdibuja ante lo que es. Así sencillamente. Hay contundente evidencia en la sociedad actual para que las reglas, el sentido común, el protocolo, las tendencias inteligentes y analizadas, palidezcan ante el fulgor de lo irracional, lo ilógico y lo subjetivo. Aquí, no podemos hacer nada, simplemente así es. Lo más inteligente que podríamos, creo, es aceptar que las cosas son como son porque así son, porque con toda evidencia así están sucediendo. Esto es fuente de paz, un nivel de aceptación de la realidad así, es inteligente manera de blindarse para sostener nuestra paz interior. Esa es mi opción con una Nueva Conciencia. La expreso aquí como mera opción para ti, por si a ti también te pudiera funcionar. Te lo recomiendo. Luchar contra la evidencia es necedad auto elegida, frustración auto generada, malestar permanente. Mejor, aceptar lo que parece increíble, porque tan es, que ahí está.

José Antonio Meade siempre se me hizo un tipazo. En mis redes sociales alcancé a expresar que cuando vi una extensa entrevista que le hizo Adela Micha, alcancé a ver a una persona altamente preparada, inteligente, fino, con clase y alto nivel social, aderezado con parecer ser una buena persona. Sentí el impulso, casi irrefrenable, de votar por él. Me frenó saber de su innegable contubernio con un fraude, incluso transexenal, que explica ampliamente y con evidencias contundentes, mi amigo, el Lic. Paulo Díez Gargari (consulta su cuenta de Twitter @PDiezG) en el caso de #EtilenoXXI. El caso es tan extremadamente delicado y maquiavélico que no alcancé a sentir la fuerza para votar por él. Lamentable. Además, a título personal opino, yo creo que él llevaba una vida esplendorosa, como un intelectual feliz trabajando en lo suyo, para que tuviera la desgracia de ser tentado (u obligado, no sé) a convertirse en candidato para la Presidencia de México. Supongo que fue la última carta con la que contaba Enrique Peña Nieto para intentar salvar a su partido al que tanto daño le hizo. EPN hoy se perfila como el Presidente de más baja aceptación en la historia de todos los Presidentes de México. El de más baja aceptación. Hoy las redes sociales han hecho su efecto, la gente no olvida tan fácilmente como en otras épocas. Hoy las redes sociales son memoria permanente. De verdad, qué pena sentí por el Doctor Meade. Cuánta paz en su vida si no hubiera lanzádose de candidato, o si no lo hubieran lanzado. No tenía el perfil para ser un presidente. Percibo su perfil para ser lo que pacíficamente era, un extraordinario servidor público de muy alto nivel. Y digo extraordinario no por su honestidad total o transparencia en el manejo de tantísimo dinero, como Secretario de Hacienda, sino como perfil de persona para ciertos trabajos. Cuando vi su iniciativa de ser el primero, a nivel nacional, de auto declarar su derrota y anunciar el triunfo de AMLO, confirmé lo que vi, ¡qué tipazo de persona es! Y cuando casi llora al agradecer el apoyo a su esposa… confirmación total del nivel de persona que es. Sí, sí, sí… todos tenemos una parte oscura en nuestras vidas, una sombra, errores que hemos cometido, y sé que algún lector sentirá rechazo ante mi perspectiva, casi sistemáticamente. Pero para el lector de mente abierta, para el lector con una Nueva Conciencia, a ese, estoy seguro que está entendiendo lo que aquí estoy expresando. Vamos, al Doctor Meade y a su esposa, con gusto los invitaría a cenar a mi casa. Esta siempre será una medida del bien que alcanzas a percibir de alguien, de su parte luminosa. No sé si invitaría a AMLO, quizá nos amaneceríamos para lograr terminar una idea en charla de sobremesa.

Voté por Anaya. Se me hacía el menos peor. Sí, digo menos peor porque al ser expuestos todos los candidatos con su luz y con su sombra, fue extremadamente confuso y difícil decidir. La contienda, como muchas veces, se basó en desacreditar al otro y así todos, de tal manera, que el elector avezado, como me considero, llegó a sentir no tener opción alguna. Las propuestas de Anaya las entendía, su oratoria era digna de un futuro Presidente, sus propuestas me gustaban, le veía madera y fresca juventud para ser un mandatario. Sí, sé perfecto lo que se le achacó como lavado de dinero y muchas otras cosas, pero también sé de una ley en materia de liderazgo, la vivo como líder que soy: “clavo que sobresalga se llevará un martillazo”. Esto es ley en materia de liderazgo. Parte del natural precio de ser líder es que siempre –¡siempre!– habrá alguien que te ataque, por más nobles y buenas que sean tus intenciones. Así, entendí que a cualquiera de los candidatos se les atacaría, aumentando la confusión para el electorado. En fin, no ganó… como todos suponíamos. Creo que el resultado final de estas elecciones son las más coincidentes con las encuestas de muchos meses atrás. Desde el día uno, todos los candidatos la tenían perdida frente a AMLO, aún así, por salud mental, algunos votamos por alguien que no fuera el puntero. Si no votaste por AMLO, fue como un bálsamo de efecto momentáneo y breve auto aplicado. Tachar en la boleta electoral el nombre de Anaya fue como echarse unas gotitas de agua fría mientras se está parado bajo un candente e inclemente sol del resultado sabidamente anticipado. Luego de esta experiencia, lo que saco como cierta lección de vida, observando lo sucedido en la vida del joven Anaya, es que nunca hay que golpear la casa que te cubrió porque terminará descobijándote (esta frase la acabo de publicar en mi Twitter @alejandroariza). Raúl Olmos, premio nacional de periodismo 2009, y premio W. Reuter 2014 y 2017, publicó en su cuenta de Twitter (@RaulOlmos_mx) lo siguiente:

“Confirmado: con @RicardoAnayaC el PAN tuvo el peor resultado en una elección presidencial en 24 años, con todo y alianza con PRD/MC.

Así el porcentaje del voto de candidatos panistas: Diego (1994): 26%, Fox (2000): 42.5%, Calderón (2006): 35.9%, Josefina (2012): 25.6%, Anaya (2018): 22.5%”.

Yo no sé cómo se sentirá Anaya viendo estas cifras, pero que dura lección ha de ser para su ego. Golpeó tanto dentro del partido que lo cobijó como político, que ahí está la factura cobrada. Y bueno, el PRD, quedó reducido a un “chiquipartido”, como lo califica el mismo Olmos. Porcentaje de votos en cada elección presidencial para el PRD: 1994 (Cárdenas): 16%, 2000 (Cárdenas): 16%, 2006 (AMLO): 29%, 2012 (AMLO): 27%, 2018 (Anaya): 2.8%.

Cuando uno se entera de estas cifras, aunado a lo que se observa en el comportamiento de los políticos, a mí me queda muy claro: no existen ya los partidos, sólo existen candidatos. El brincadero de políticos de un partido hacia otro, las cifras de aceptación de un “partido”, y los números fríos de las estadísticas, demuestran que la gente vota siguiendo a la persona, no al partido. Los partidos, a mi parecer, ya son meras “fachadas” para hacer parecer que hay un grupo que te apoya. Nadie apoya a nadie salvo al candidato predilecto y si en ello hay ganancia personal. Todos, todos están buscando su propio bien y por ello “se hace equipo” detrás del mejor. Quien no lo hiciera así, “por fidelidad a su partido”, claramente la tiene perdida. No nos hagamos tontos, así funciona esto, así se ve claramente que funciona. La lección de desarrollo humano en toda esta parafernalia política: cuida a quien te cuidó. Es cuestión de honor, de dignidad, y con el paso del tiempo, hasta de estrategia. Aplica esto a tu empresa, a tu familia, a tus amigos.

¿Qué aplaudo de estas elecciones? Me parece que en la historia de México han sido las más limpias. No hubo margen para hacer fraude. Ya no pudieron ni los expertos en la materia. De verdad me alegra la pacífica aceptación de una votación muy limpia. En esta ocasión sí es para festejarse y aplaudirse la democracia. En esta ocasión ha surgido otra razón de peso para creer en México y en sus instituciones. Eso siento.

Por otro lado, para mí, el lunes pasado se terminó el Mundial de futbol. Eliminaron a la selección mexicana de futbol cuando perdió frente al pentacampeón del mundo, Brasil. No soy fanático de ese deporte, disto años luz de serlo, de ese deporte y en general de ese mundo. Sin embargo, no puedo negar la emoción de representantes de mi mismo país, luchando por ganar en una competencia mundial. Sí, me levanté temprano para ver sus partidos. Sí, como máxima autoridad en mi propia empresa, permití que todo mi personal entrara a trabajar tarde, a las 12 del día, cuando había partido de México para que gozaran verlo en sus casas y luego fueran a trabajar, sí, grité de emoción en varios momentos, sí, sentí esperanza. Pero… el lunes fueron eliminados y ese día acabó el mundial para mí. Mi mente ya está en otras cosas. Esto me sirve para irme sintiendo un poquito mejor, título de esta catártica columna (y es que escribir me hace sentir tan bien, tan mejorado). Incluso, me perturba ver fotos de la selección mexicana en páginas web de bancos, como los tiene Citibanamex (hasta el momento en que publico esto) en su portal y en su app. Incluso, ya he enviado mi sugerencia al banco para que quiten esas fotos. Ver a la selección mexicana en este momento es como ver fotos de tu ex cuando ya terminaste con ella. No es sano, por lo menos para mí. Vamos a lo que sigue. La vida sigue. La vida es hacia adelante.

Con todo esto, comentando aquí lo que normalmente nunca comento, mi subjetiva opinión acerca de política y deportes, espero haber salpicado tu lectura con gotitas de agua fresca frente al candente sismo emocional del inconsciente colectivo mexicano actual. Se trata de irnos, con forme pasan los días, sintiendo un poquito mejor.

Yo decido, yo siento, que los mejores momentos de México, no hay sucedido, están aún por suceder y yo seguiré haciendo mi parte para que así sea.

¡Emoción por Existir!

–Alejandro Ariza Z.

www.alejandroariza.mx

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También puedes disfrutar de la lectura de la columna: “Tu criterio y el Internet” haciendo clic aquí.

Conferenciante inspiracional y motivador, escritor, médico, empresario.

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